El día que ni siquiera las elicitaciones de requisitos documentadas sirvieron para algo

Hoy he visto el artículo de Jorge Ringenbach en Maestros del Web, sobre el contrato para el desarrollo de sitios Web, y me ha parecido muy interesante, sobre todo por el texto que enlaza en leyenlinea, donde podemos descargar un documento escrito por el mismo Jorge, y bajo CC No comercial, que ojalá hubiera tenido cuando empecé a hacer desarrollo Web.

Hace tiempo también escribí sobre la intensa relación con el cliente a la hora de elicitar para diseño web, y cómo posicionarte en un mercad cada día más complicado. La conclusión es, como bien dice Jorge, hacer una elicitación lo más completa posible, detallando las funcionalidades que va a tener el sitio, los entregables en cada fase y cómo se van a decidir las versiones finales (intercambio de versiones, firma de documentos, etc…). De esta forma, en teoría, nos quitamos problemas.

Pero no os penséis que ahí acaban los problemas. Incluso con el contrato más sencillo, del proyecto más corto, con un contrato firmado por ambas partes tanto en funcionalidades como en precio, puede haber problemas entre cliente y desarrollador.

Cosas comunes que pueden ocurrir:

  • El cliente no dió importancia al contrato, pensó que solo era una formalidad.
  • El cliente no entendió alguno de los requisitos, y siempre pensó como obvia una funcionalidad que tu no tenías en cuenta, y por supuesto ahora quiere incluir con el mismo presupuesto.
  • Al especificar los plazos, incluso aunque dejes claro que el proyecto se puede retrasar si el cliente no entrega su material a tiempo (fotografía, vídeo, imágen corporativa existente…), siempre entenderá que la culpa es tuya.
  • Exigirá que cualquier cambio o modificación se hagan instantáneamente, aunque en ningún sitio ponga que hay un contrato de mantenimiento.
  • Oirá campanas de gente que poco o nada sabe, y una vez el proyecto está terminado, te sorprenderá con frases como “¿Y por qué no está hecho en flash y tiene animaciones?” o “He pensado que el diseño que te aprobé hace dos meses ya no me gusta y quiero cambiarlo”, o mejor aun “Es que aunque me hayas dicho que es la  única forma con el presupuesto que tenemos, no quiero que en mis videos salga la marca de agua de youtube”.

En el peor de los casos, el hecho de tener un contrato te simplifica las cosas a la hora de poder auditar el proyecto, pero si se tiene que llegar a este punto, ya estamos perdiendo muchas cosas: Fuerza, energía e imágen. El cliente nunca se quitará la idea de que el malo eres tu.

Así que lo único que puedo hacer es poner algunos consejos para evitar llegar a comprobar qué es lo que se firmó.

  • Procurar trabajar siempre con al menos dos personas de la empresa, sobre todo la aceptación del diseño, presupuesto y algunas funcionalidades.
  • Todas las funcionalidades extra que se soliciten, que se haga por mail, y se guarde. No se confirman ni desmienten funcionalidades por teléfono ni en persona.
  • Asegurales 5 veces si esas son realmente las funcionalidades que quieren, y repiteles hasta la saciedad que no habrá más salvo que se amplíe el contrato.
  • Y sobre todo: Di NO. Si empiezas a decir SI, a peticiones de funcionalidades, aunque sean pequeñas y no cuesten nada, aunque pienses que eso aumentará la satisfacción del cliente, en realidad estás abriendo la veda para que te pida más cosas. Es mejor decir NO la primera vez que la quinta.

¡Suerte con vuestros clientes!


  1. cvander dijo...

    Sergio, muchas gracias por extender el tema y compartir la experiencia. Me guardo los consejos. Un saludo.

  2. Sergio dijo...

    Un placer referenciaros Christian!

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