La rentabilidad relativa de las empresas
26 de febrero, 2009 // Etiquetas: Negocios, rentabildad // 9 Comentarios
Cualquier MBA te dirá que la rentabilidad se mide en porcentajes, usando complicados valores económicos. midiendo beneficios año tras año, emisión de dividendos, crecimiento, facturación, previsiónes, bla bla bla. ¿Hay algún criterio más?
Pongamos dos ejemplos:
Paco, el frutero: Después de varios años trabajando por cuenta ajena, le echó un par, y dijo: ¡Voy a tener mi propia frutería!
Por supuesto hizo su análisis de mercado. Encontró un local no muy lejos de su casa, en el barrio donde todos le conocían. Comprobó los precios medios y sus costes, necesidades de personal, marketing y comunicación, gestionó con bancos e incluso habló con un asesor fiscal que le recomendó encarecidamente montar una SL unipersonal.
Pepe, el empresario: Después de una satisfactoria carrera de puestos de mando intermedio a mando intermedio, decidió dar el salto. Al darse cuenta de que ni el destino ni el azar le iban a subir de categoría, quiso empezar por su cuenta. Pepe vivía bien. Tenía un gran sueldo, pisito en la ciudad, casa en la playa, un maravilloso A7 que le hacía parar en cada gasolinera que veía y una gran colección de trajes que le hacían sentirse poderoso. Pero quería más. Quería ser tan asquerosamente rico como los que eran más ricos que él.
Paco inicia su negocio de forma muy modesta, mes a mes le da a duras penas para pagarse su sueldo, así que su mujer le echa una mano en la tienda al salir del trabajo. Los dos cierran la tienda y se van a tomar unas cervezas, por un trabajo bien hecho. Las facturas aprientan pero oye, los encanta lo que hacen.
Pepe inicia su emprendimiento con mucha ilusión, y un gran préstamo detrás. Se hace con una plantilla de 10 personas que inmediatamente se queda corta, así que amplía a base de recortar los sueldos. Como él siempre quiso tener dinero, por supuesto, cobra más que nadie. Por suerte no les va mal y tienen clientes que les permiten mantener el garito a flote.
Pasan los años y Paco ha conseguido estabilizar el negocio. Además de fruta vende unos deliciosos bollos para el desayuno, frutos secos y lo mejor: un servicio al cliente excepcional (claro, está contento todo el día). Ya tiene una chica trabajando con él, así que él puede terminar la jornada y hacer las cuentas desde casa, donde cuida a Jaime, su primogénito hasta que llega su señora de su trabajo. No tiene el sueldo más alto del mundo, pero viven bien, y este año se irán de vacaciones a Francia.
Pepe está desesperado. La empresa va bien, facturan mucho y el equipo ya es de 25 personas, pero parece que los inversores quieren más tajada. Él cree que es feliz. Con su sueldo y bonus autoasignados se ha hecho con un velero muy majo que tiene amarrado en su pueblo costero. (Lástima que cada vez vaya menos por trabajo).
Los resultados a cinco años:
Paco se lleva un sueldo decente al mes. No es un gran sueldo pero vive bien y se puede permitir coger un mes de vacaciones al mes, además, ahorra para el futuro y las vacas flacas. Pepe gana unos 150.000€ al año, sus inversores han sacado por los beneficios de la empresa una rentabilidad del 30% a su aportación y ahora ha crecido tanto que Pepe va a tener que dejar su puesto a un nuevo director ejecutivo y, o bien se ligeramente desplazado, o volver a empezar de nuevo. Se da cuenta que en cinco años no ha hecho más que trabajar para otros pero co el disfraz de ser el director de la empresa y coches caros.
Ahora la pregunta es: ¿Cual de las dos empresas ha sido más rentable?
La economía de los tiempos muertos
6 de diciembre, 2008 // Etiquetas: Negocios, productividad, tiempos muertos // No hay comentarios
Todos tenemos tiempos muertos, momentos durante el día en los que, por una razón u otra, no podemos, o no queremos hacer nada. Son pequeños momentos, de menos de 30 – 40 minutos, que siempre están ahi y de los que se puede sacar mucha productividad.
¿Cuáles son?
Mientras vas en el metro o en el tren. Mientras esperas a ese amigo que tarda tanto, mientras corres en el gimnasio, cuando te tomas el café embobado mirando la televisión…
Son momentos ideales para hacer según que tareas, y si nos preparamos para realizarlas en esos momentos, podemos sacar una productividad tremenda en función de cómo desfile nuestra vida.
Os enumero unas cuantas posibildades (solo para workoholics, adictos al GTD, crackberriers y gente permanentemente conectada).
- El metro o el tren: Recorridos generalmente cortos, para ir a la oficina. Está el clásico libro (no todo tiene que ser trabajo), o bien el portatil. Yo al menos he tenido dos proyectos que han nacido, crecido y salido, en el tren. Pensad que 20 minutos, de ida y vuelta, cada día, dan para mucho!
- La máquina de correr o la bicicleta en el gimnasio: Ok, lo habitual es escuchar la música estridente y maquinera que el gimnasio nos brinda, o bien tirar de nuestro propio mp3, pero… ¿por qué no aprovechar eso minutos (o horas, para los más campeones) de otra forma? ¿Por qué no escuchar audiolibros? Ok no es como leer, y a veces habrá que repetir algunos capítulos, pero no deja de ser una forma de aprovechar el tiempo. Hace tiempo ya dejé algunos recursos para correr y hacer ejercicio.
- El amigo pesado que siempre llega 15 minutos tarde. Es el momento ideal para responder mails rápidos o leer los feeds de pasada rápida. Ahora mismo tengo divididos los feeds en dos tipos: Lectura rápida de pasada, y los de comprender, sentado y café en mano. En 15 minutos puedes terminar todos esos posts que tenías pendientes desde hace días. También es un momento válido para leer esos mails pendientes,
- Y un largo etcétera de ocasiones donde, con solo 5 o 10 minutos podemos aumentar la productividad de nuestro día.
Y ahora, una serie de tareas que podemos hacer en cualquier momento, en cualquier sitio. Algunas necesitarán de conexión a internet, otras directamente, de nuestra capacidad de concentración.
- Leer y responder mails
- Leer feeds
- Leer PDFs y presentaciones.
- Escuchar audiolibros
- Simplemente, pensar
- Escribir. Por ejemplo entradas para el blog (este post es el resultado de un momento así).
- Leer libros, de los de verdad
- Ya, si, twittear.. pero de momento, no es para mi.
- Hablar con la gente. Si, suena raro, pero siempre puedes hablar con alguien, intentar conocerlo, o simplemente observar a las personas.
¿Qué más cosas se pueden hacer en estos tiempos muertos?
La noticia oficial – Changing jobs
9 de mayo, 2008 // Etiquetas: cambios, Negocios // 11 Comentarios
Bueno, pues en algún momento había que dar la noticia oficial, y el canal habitual suele ser este.
A finales de este mes cumplirá el año y medio de mi colaboración con emagister.com; como sabrán los habituales de este blog. Un sitio donde ha sido un placer trabajar (y no solo por hacer actividades para desestresarnos, o estar entre los finalistas de los great place to work de este año).
En la empresa hay un equipo de personas extermandamente motivadas por hacer un trabajo bien hecho, por conseguir sus objetivos y por tener un buen ambiente en todo momento, y sobre todo, tremendamente profesionales. De hecho, sería muy dificil cuantificar el valor de todo lo que he aprendido en estos meses.
De hecho, la decisión de venir no fue fácil. Dejar de trabajar activamente en mi propia empresa, en su momento más álgido, cambiar de ciudad, dejar atrás tus amigos… da mucho vértigo, pero cuando miras atrás, ves que realmente merece la pena. Arriesgarse y darlo todo. Como decía el amigo Steve: “Don’t Settle…[...] stay hungry, stay foolish”.
Dejo la empresa contento, habiéndo levantado un proyecto extremadamente complicado desde cero, y dejándolo a nivel de internet en las mejores condiciones y preparado para la explotación comercial. La formación subvencionada, que permite hacer cursos gratuitos a cualquier desempleado o trabajador en activo en España.
En cualquier caso, no me voy muy lejos. Sigo en Grupo Intercom, en un nuevo proyecto liderado por Julián Lerer y Tomy Pelluz, Lasse Johnsen, y Joan Minguet. Pero esta vez, con oficinas en Barcelona. Un equipo realmente potente y capaz de crear algo muy grande, donde da gusto sentarse y dedicar horas a discutir interesantes conceptos (como ya hacía antes con Tomy). En un nuevo trabajo o proyecto, sobre todo, de estas características, cada vez importa menos el proyecto en si, y más el equipo, y como dicen “El ADN de la empresa”.
Todo lo que puedo decir sobre este nuevo proyecto es que es todo un reto técnicamente y a nivel de negocio, pero que pegará muy fuerte conforme vaya creciendo, y que podéis estar al tanto en Otro Proyecto.
¡Os mantendré informados!
Sobre motivación, automotivación e incentivos
6 de mayo, 2008 // Etiquetas: incentivos, motivacion, Negocios // 1 Comentario
Es curioso ver cómo una empresa cambia mientras crece, y sobre todo, cómo cambian las personas que están dentro y las que van entrando de forma paulatina en los diferentes grados de crecimiento de ésta.
He tenido la suerte de haber trabajando en empresas tanto en su creación, en su desarrollo y en su explotación, y las diferencias son bastante ocurrentes. De hecho, cuando montamos nuestra empresa, podía haber estado trabajando en algún puesto donde ganaría bastante más, y preferí estar un año sin ganar un duro a cambio de poder crear algo por mi mismo.
Pongamos la empresa jóven que acaba de nacer. Una empresa como esta tendrá en su sino a sus fundadores / emprendedores, que como tales, están enamorados de su idea y proyecto, y darían lo que fuera por él, y quizá, algún asalariado que sin tener las mejores condiciones del mercado, está bastante motivado, a pesar del riesgo que pueda suponer pertenecer a una empresa nueva, en un país donde más del 90% de las pymes se van al garete en los 3 primeros años.
Este equipo inicial está increiblemente motivado. Son capaces de dedicar horas y horas a hacer crecer la criatura. Quizá sea por la rapidez de los cambios, y que al principio cualquier pequeño cabio es un gran cambio, pero no hay muchos más incentivos que los personales. Lo que yo llamo el criterio de
“por mis huevos”
Cuando la empresa va creciendo, siempre quiere mantener su nivel de producción y de motivación de las personas que la componen. Esto no suele ser problema para los miembros iniciales, que tienen todo el “subidón” de estar creciendo y de haber pasado la etapa crítica de la supervivencia a toda cosa. El problema está en hacer crecer al equipo con la misma motivación que si estuvieras desde el primer momento. Lo normal es invertir en la gente. Dar toda la libertad posible y sobre todo, atomizar los equipos con el fin que cada persona en su propio contexto, tenga amplios horizontes y niveles de responsabilidad. Eso, junto con una palmadita en la espalda cuando se hace bien el trabajo, hace que la motivación esté siempre por las nubes. Además la empresa sigue teniendo un buen crecimiento, y todos pueden decir con orgullo “Yo estoy haciendo crecer esto”.
El problema quizá viene cuando la empresa ya es demasiado grande como para conseguir una motivación perpetua en todos los miembros del equipo. De repente, algunas personas que lo habían dado todo dejan de estar 12 horas al día en la oficina, o a soñar con su proyecto, empiezan a contar los días que restan para las vacaciones, o no abren el correo en todo el fin de semana.
Es en este momento cuando la empresa suele decantarse por comprar la motivación a base de incentivos suficientemente grandes. Es aquí donde entran las capas de dirección intermedia con sueldos hinchados, acciones y contratos agarrados por todos los sitios. Se buscan consultores y seniors que a priori, no tendrían ninguna motivación para cambiar de trabajo que un incremento sustancial del sueldo y más poder. Esta capa será ahora, la encargada de motivar al equipo de siempre, aunque sea a marchas forzadas, o mejor dicho, ya que no están motivados, mantener el mismo nivel de producción.
Es la disyuntiva de la fresa o el látigo. Cada uno puede elegir el que quiera. Google, por ejemplo, usó la fresa. La mayoría de las consultoras, (de quien hablo sobre todo en este post, no se vayan a pensar), usaron el látigo.
Luego entonces, queda solamente difernenciar entre el tipo que hace 12 horas al día por motivación propia y automotivación, del directivo medio, que las hace porque considera que va en su sueldo.
Desde mi punto de vista, la verdadera motivación nunca se podrá comprar (y que me perdonen los señores de RRHH), pero ni un buen sueldo, ni acciones, ni muchas personas a tu servicio, darán la misma sensación de saber que algo ha crecido por tu esfuerzo, y solo por tu esfuerzo.
Los demás, siempre se podrán seguir vendiendo al mejor postor.

¡Saludos!. Soy Sergio Gago, aprendiz de todo que da vueltas por Internet, consultor, geek, y viajero. Me gusta internet, los ordenadores, viajar, bucear y tu. Si quieres saber dónde estoy, mira arriba, o contacta conmigo.
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