La rentabilidad relativa de las empresas

Cualquier MBA te dirá que la rentabilidad se mide en porcentajes, usando complicados valores económicos. midiendo beneficios año tras año, emisión de dividendos, crecimiento, facturación, previsiónes, bla bla bla. ¿Hay algún criterio más?

Pongamos dos ejemplos:

Paco, el frutero: Después de varios años trabajando por cuenta ajena, le echó un par, y dijo: ¡Voy a tener mi propia frutería!
Por supuesto hizo su análisis de mercado. Encontró un local no muy lejos de su casa, en el barrio donde todos le conocían. Comprobó los precios medios y sus costes, necesidades de personal, marketing y comunicación, gestionó con bancos e incluso habló con un asesor fiscal que le recomendó encarecidamente montar una SL unipersonal.

Pepe, el empresario: Después de una satisfactoria carrera de puestos de mando intermedio a mando intermedio, decidió dar el salto. Al darse cuenta de que ni el destino ni el azar le iban a subir de categoría, quiso empezar por su cuenta. Pepe vivía bien. Tenía un gran sueldo, pisito en la ciudad, casa en la playa, un maravilloso A7 que le hacía parar en cada gasolinera que veía y una gran colección de trajes que le hacían sentirse poderoso. Pero quería más. Quería ser tan asquerosamente rico como los que eran más ricos que él.

Paco inicia su negocio de forma muy modesta, mes a mes le da a duras penas para pagarse su sueldo, así que su mujer le echa una mano en la tienda al salir del trabajo. Los dos cierran la tienda y se van a tomar unas cervezas, por un trabajo bien hecho. Las facturas aprientan pero oye, los encanta lo que hacen.

Pepe inicia su emprendimiento con mucha ilusión, y un gran préstamo detrás. Se hace con una plantilla de 10 personas que inmediatamente se queda corta, así que amplía a base de recortar los sueldos. Como él siempre quiso tener dinero, por supuesto, cobra más que nadie. Por suerte no les va mal y tienen clientes que les permiten mantener el garito a flote.

Pasan los años y Paco ha conseguido estabilizar el negocio. Además de fruta vende unos deliciosos bollos para el desayuno, frutos secos y lo mejor: un servicio al cliente excepcional (claro, está contento todo el día). Ya tiene una chica trabajando con él, así que él puede terminar la jornada y hacer las cuentas desde casa, donde cuida a Jaime, su primogénito hasta que llega su señora de su trabajo. No tiene el sueldo más alto del mundo, pero viven bien, y este año se irán de vacaciones a Francia.

Pepe está desesperado. La empresa va bien, facturan mucho y el equipo ya es de 25 personas, pero parece que los inversores quieren más tajada. Él cree que es feliz. Con su sueldo y bonus autoasignados se ha hecho con un velero muy majo que tiene amarrado en su pueblo costero. (Lástima que cada vez vaya menos por trabajo).

Los resultados a cinco años:

Paco se lleva un sueldo decente al mes. No es un gran sueldo pero vive bien y se puede permitir coger un mes de vacaciones al mes, además, ahorra para el futuro y las vacas flacas. Pepe gana unos 150.000€ al año, sus inversores han sacado por los beneficios de la empresa una rentabilidad del 30% a su aportación y ahora ha crecido tanto que Pepe va a tener que dejar su puesto a un nuevo director ejecutivo y, o bien se ligeramente desplazado, o volver a empezar de nuevo. Se da cuenta que en cinco años no ha hecho más que trabajar para otros pero co el disfraz de ser el director de la empresa y coches caros.

Ahora la pregunta es: ¿Cual de las dos empresas ha sido más rentable?


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